Celia Cruz, más viva que nunca a 16 años de su partida

Celia Cruz, más viva que nunca a 16 años de su partida

Hace 16 años el mundo despidió a La Guarachera de Cuba, pero su legado, su amplia sonrisa y sus canciones perviven en la nostalgia del exilio cubano, en una isla que la escucha en secreto y en todo el mundo

Celia Cruz es la cubanía hecha música, un inmenso talento nacido en una pequeña isla. Le cantó a su Cuba querida, y más que canciones le hacía homenajes. La Reina de la Salsa se convirtió en símbolo de los cubanos exiliados y de aquellos que en la isla escuchan sus canciones y sueñan con la libertad.

Quienes la conocieron, como su albacea y representante Omer Pardillo, coinciden en que Celia era la misma en el ambiente íntimo y en el escenario.

«Celia representó una Cuba muy digna en el exilio. Fue una cantante que salió de Cuba sin nada y tuvo que rehacer su carrera. A través de los años se hizo más exitosa y creo que el cubano ve a Celia como esa representante de éxito, de trabajo, de humildad, y solamente con su talento, porque Celia no necesitó otra arma para hacerse famosa», declaró Omer

Úrsula Hilaria Celia de la Caridad De La Santísima Trinidad Cruz Alfonso nació en la barriada de Santos Suárez, en La Habana, el 21 de octubre de 1925. Alcanzó notables éxitos como cantante en agrupaciones como Las Mulatas de Fuego y la Sonora Matancera. Un 15 de julio 1960 salió de Cuba y no regresó más. Su padres, Simón y Catalina, murieron en una isla que le cerró las puertas.

México, Estados Unidos y el mundo le recibieron con los brazos abiertos. Tuvo presentaciones en importantes escenarios, grabó decenas de discos, recibió premios Grammy y muchos reconocimientos. Mientras en Cuba se le prohibía la entrada y su música no se escuchaba en las emisoras radiales ni en la televisión, la Reina de la Salsa se convertía en un orgullo y un símbolo de cubanía a nivel internacional.

Como suele decir Pardillo: «fue una cantante pobre, negra, mujer, que salió de una isla y conquistó al mundo».

Forever, mi Reina

Hace 16 años el mundo despidió a La Guarachera de Cuba, pero su legado, su amplia sonrisa y sus canciones perviven en la nostalgia del exilio cubano, en una isla que la escucha en secreto y en todo el mundo.

La intérprete de Burundanga puso a bailar al mundo, contagió a su público con su alegría y demostró que el talento se impone sin necesidad de otros artificios. Como señaló Pardillo, «vivió en la época donde no había redes sociales. Llenaba un estadio de 20 mil y 30 mil personas, era orgánico, porque los medios de promoción eran muy diferentes a los de ahora».

«El mérito de Celia es invaluable, es una artista de referencia para muchísimas generaciones por venir, porque lo más grande que tuvo fue su talento y lo usó para representar un país. En Cuba, aunque esté prohibida, su talento es imposible de borrar», enfatizó Omer, un apasionado por la impronta de la cantante cubana, con la que compartió muchas experiencias.

La muestra «Forever Celia» continúa en el Museo Americano de la Diáspora Cubana, en Miami, hasta el 25 de octubre.

«Nuestra próxima parada es en el Museo de la Ciudad de Nueva York en el 2020», contó Pardillo, y agregó que quizás al final de este año o a principios de 2020, la ciudad de Nueva York pondrá Celia Cruz Way a una calle frente al colegio de Celia Cruz Bronx High School of Music.

«Que mi música nunca muera»

Cuando Celia hablaba de la muerte, deseaba que la recordaran con esa misma alegría y sabor que derrochaba en los escenarios.

«Siempre me decía, ‘Omer, que mi música nunca muera’. Celia era libra, yo también, y a los libranos nos encanta hablar de la muerte. Siempre decía lo mismo. O sea, que ahí quedan sus discos, su legado, su música. De lo que estoy seguro es de que ella no pensó que iban a pasar tantas cosas después de que falleciera. Todo el mundo la recuerda, y es lo que ella hubiera querido», afirmó Pardillo.

Sin embargo, como añadió, «hay dos cosas que me faltan por cumplirle. Una es una estatua en el Central Park de Nueva York, que estoy seguro de que en algún momento se me dará. Y la otra es algún día, cuando haya una Cuba libre, democrática, llevar ese legado, una gran exhibición de Celia, o abrir un museo. Porque hay cinco generaciones de cubanos que conocen a Celia pero no saben lo universal que fue y cómo representó al cubano».

Sin duda, donde quiera que esté La Guarachera de Cuba habrá una fiesta. Como solía decir una vecina en Cuba: «cuando pongo a Celia me da por limpiar toda la casa, cocinarle a mi marido y aún me queda cuerda pa’ bailar».

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